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El triyoduro de nitrógeno es quizá uno de los compuestos más volátiles y explosivos que se puede crear en un laboratorio. Cuando se encuentra en estado seco, el simple roce de una pluma es capaz de provocar una tremenda explosión. Su inestablidad es tan grande que si se acumula en determinada cantidad explota por efecto de su propio peso. Esto impide cualquier uso comercial o militar ya que, a diferencia de la nitroglicerina, no existe ninguna solución que permita transportarlo o manejarlo con seguridad. La propia composición del NI3 es tan volátil que, según la Wikipedia, su análisis ha requerido “heroicos esfuerzos” por parte de los químicos que lo han estudiado. Para formarlo basta mezclar yodo con amoníaco y dejarlo secar: una vez filtrado, el precipitado resultante es un polvo negro que puede explotar al menor soplo de aire. Ya sé que es un tópico, pero no lo hagáis en casa :-) Ver también: Diez reacciones de la materia que quizá no te esperabas
 “La radioactividad te hará sentir más sano”. Con estas palabras se anunciaban algunos productos durante la década de 1920 y 1930 en países como EEUU o Alemania. El descubrimiento del radio, a manos del matrimonio Curie unos años antes, había abierto un abanico de posibilidades a la industria, que lo convirtió en una especie de remedio milagroso para todo. De la noche a la mañana, el mercado se llenó de bebedizos y cremas que contenían radio y que prometían aumentar la virilidad o impedir la caída del pelo. Durante años, se utilizó el producto de manera inconsciente hasta que empezaron a morir los primeros afectados: trabajadores que morían en apenas unos meses o víctimas de sus propias invenciones a las que el cáncer devoraba los huesos. Para algunos, el descubrimiento de los letales efectos del radio llegó demasiado tarde. (Seguir leyendo) (English) Estos son algunos de los productos más disparatados que llegaron a venderse:
Radithor
El famoso Radithor, comercializado entre 1918 y 1928, contenía una pequeña cantidad de agua destilada a la que se añadía una porción de radio. Se anunciaba como una “fuente de luz permanente” capaz de curar el cáncer, las enfermedades mentales y hasta la impotencia.
El conocido empresario Eben Byers se convirtió en el más firme defensor de Radithor y se tomó tres botellas al día durante dos años. En 1930, tuvo que dejarlo tras comprobar que su mandíbula se caía literalmente a trozos por el efecto del radio sobre los huesos. Su muerte, en 1932, fue el primer aviso de que lo que estaban consumiendo miles de ciudadanos era una bomba de relojería.
Cremas para la cara
La crema Tho-Radia, publicitada por este fascinante cartel, era anunciada como la creación de un tal Alfred Curie, inventado por la propia farmacéutica.
Los fabricantes de este cosmético, compuesto a partes iguales de torio y radio, no solo prometían iluminar la cara de las damas, sino que anunciaban sin empacho sus supuestos poderes “curativos”.
Agua radioactiva
La comercialización de jarras para radiar el agua fue una de las prácticas más comunes durante los años 20 y 30. Entre todos los sistemas, el Revigator fue el que alcanzó mayor popularidad: “Rellena la jarra de agua cada noche” - decían los reclamos - “Bebe tranquilamente cada vez que tengas sed hasta completar una media de seis vasos al día”. “Los millones de rayos penetran en el agua para formar ese saludable elemento que es la RADIO-ACTIVIDAD. Al día siguiente, toda la familia dispone de seis litros de auténtica y saludable agua radioactiva”.
Pasta de dientes
La pasta de dientes Doramad fue producida durante la Segunda Guerra Mundial por la casa Auergesellschaft de Berlín. Como reclamo publicitario, sus fabricantes aseguraban a los usuarios una sonrisa “radiante”. En el dorso del tubo dentífrico se podía leer lo siguiente: “la radioactividad incrementa las defensas de los dientes y las encías”.
Para el escroto
El aparato que veis en la imagen es un “Radiendocrinator”, fabricado por los supuestos Laboratorios Endrocrinos Americanos, y recomendado para mejorar la salud de los varones. Según sus creadores, el artilugio debía colocarse sobre las glándulas endocrinas para producir sus beneficios. Recomendaban llevarlo en el bolsillo o colocarlo bajo el escroto durante la noche.
Chocolate radioactivo
Estas tabletas de chocolate, fabricadas por la casa Burk & Braun, se vendieron en Alemania entre 1931 y 1936 bajo el reclamo de sus poderes rejuvenecedores.
Supositorios
Producidos por una compañía de Denver, los supositorios Vita Radium garantizaban a los hombres “desanimados y débiles” una rápida recuperación gracias a los efectos del radio sobre las glándulas. “Pruébalos y verás los resultados”, decía la publicidad. Eso sí, todos los pedidos eran enviados con un discreto envoltorio para garantizar la confidencialidad.
Para los animales
Semejantes beneficios para la salud, no podían quedar solo para los seres humanos, así que pronto aparecieron los productos destinados a animales y plantas.
El Provaradior, comercializado en Francia, se anunciaba como un poderoso revitalizante para los animales de granja, que crecerían más y más fuertes gracias a los efectos del radio.
El prestigio de lo radioactivo
A pesar de que se terminaron conociendo los efectos nocivos, la palabra “radio” quedó instalada como algo prestigioso en la mente de muchos consumidores durante décadas. Así, el término "Radium" pasó a utilizarse en algunos productos, como sucede con las palabras Platinum o Gold, aunque éstos no contuvieran el más mínimo resto de radioactividad. Podéis ver algunos ejemplos en esta página.
Referencias: Radioactive Quack Cures (Orau.org) y Surirradiés: une sixième victime (dissident-media.org).
Ver también: Heroína, de Bayer / Cuando los doctores fumaban / Buenas vibraciones
Si te apetece, menéalo
 Just after the discovery of radium, by Pierre and Marie Curie, this chemical element became so popular that soon it was put in some foods, creams and even water, exposing many people to radiation. Minute dilutions of radium were added to tea, health tonics, ice creams, lipsticks, bath salts, costumes that glowed in the dark, and so forth. Radium was once an additive in products like toothpaste, hair creams, and even food items due to its supposed curative powers. Such products soon fell out of vogue and were prohibited by authorities in many countries, after it was discovered they could have serious adverse health effects [1]. These are some of those crazy products from the 'Radium days': Radithor Radithor was a well known patent medicine/snake oil that consisted of triple distilled water containing at a minimum 1 microcurie each of the Radium 226 and 228 isotopes. Radithor was manufactured from 1918 - 1928 by the Bailey Radium Laboratories. It was advertised as a "Perpetual Sunshine" and was said to cure stomach cancer, mental illness, and restore sexual vigor and vitality. An American industrialist, Eben Byers, drank a bottle each day for four years, at the end of which he died in excruciating pain from cancer of the jaw as his facial bones disintegrated. [1]Face creams In the early 1930s, this time in France, the industry launched a cosmetic brand Tho-Radia "for pharmaceutical products, beauty products and perfumes." The cream, with a base of thorium and radium, had great success in Paris with promising curative and beautifying properties. [1]Tho-radia face cream radioactivity consisted of 0.5 g thorium chloride and 0.25 mg radium bromide per 100 g of cream. It was advertised as a creation "by Dr Alfred Curie", who was not a member of Pierre Curie’s family and who probably never existed. Radioactive water Ceramic jars which added radioactivity (radon) to drinking water became also very popular in those years. Revigator was probably the most popular device developed in the United States to add radon to drinking water. As the brochure stated, "Results overcome doubts." "The millions of tiny rays that are continuously given off by this ore penetrate the water and form this great HEALTH ELEMENT--RADIO-ACTIVITY. All the next day the family is provided with two gallons of real, healthful radioactive water . . . nature's way to health." [1] Toothpaste Doramad radioactive toothpaste was produced during World War II by Auergesellschaft of Berlin. The back of the tube reads: "Its radioactive radiation increases the defenses of teeth and gums. The cells are loaded with new life energy, the destroying effect of bacteria is hindered. ... It gently polishes the dental enamel so it turns white and shiny". [1]For the scrotum Radiendocrinator was intended to be placed over the endocrine glands, "which have so masterful a control over life and bodily health." As one example of its use, men were advised "to put this instrument under the scrotum" ant to "wear it at night". [1]Radium chocolate Radium Chocolate manufactured by Burk & Braun, were sold at Germany from 1931 to 1936 and it was advertised for its rejuvenation power. Suppositories Produced by the Home Products Company of Denver, Colorado, these suppositories were guaranteed to contain real radium - and probably did. According to the brochure, "Weak Discouraged Men" would feel much better with this suppositories. All Home Product customer orders were shipped in a plain wrapper for confidentiality. [1]Atomic Brand Names On the other hand, the term "Radium" was incorporated into the brand names of any number of products even when these products didn't actually contain radium. These "Radium cigarrettes", for example, made no claim that they incorporated radioactive material. You can see some more fake radium products like this here. References: Radioactive Quack Cures (Orau.org) y Surirradiés: une sixième victime (dissident-media.org).
La imagen del Nautilus perdiéndose en la oscuridad del océano es la imagen de un fósil viviente. Durante los últimos 500 millones de años, este cefalópodo apenas ha evolucionado y se conserva en la forma en que surcó los mares en el período Cámbrico. En aquel momento, algunos especímenes alcanzaban los 2,5 metros de diámetro, aunque hoy apenas supera los 26 centímetros. Los últimos nautilos se ocultan durante el día a grandes profundidades, y ascienden para cazar en la oscuridad de la noche. Su aspecto sigue siendo inquietante. Por cierto, el vídeo contiene un divertido error de traducción, ya que lo que sucede es que el nautilo nada con la concha por delante, lo que le impide ver hacia dónde se dirige. Por eso, precisamente, choca contra la roca. :-) (In English)
 Donald Lau se considera a sí mismo un escritor prolífico. Durante más de diez años, escribió los mensajes que aparecían en el interior de miles de galletitas de la fortuna de la compañía Wonton Food y su trabajo fue leído por millones de estadounidenses. “El oro verdadero no teme al fuego” —escribía Lau junto a los números de la suerte— “El cielo nunca cierra todas sus puertas”. Durante los períodos más creativos, el señor Lau llegó a escribir hasta 400 mensajes al mes, escondidos en los millones de galletitas que la empresa distribuye cada día por Estados Unidos. Pero en 1995 la inspiración se fue por donde había venido: “¿Han oído hablar del bloqueo del escritor?” – explicó Lau a la revista The New Yorker – “Eso es lo que a mí me ha ocurrido”. El resto de la historia, como cada día 23, en la Guía para Perplejos
Imagina que llegas a la Luna, bajas la escalerilla de la nave y al alzar la vista te encuentras con otro módulo lunar a apenas 200 metros de distancia. Esto es exactamente lo que ocurrió en noviembre de 1969, cuando los astronautas de la misión Apolo 12 alcanzaron la superficie de nuestro satélite.  Por supuesto, encontrar la nave Surveyor 3 no supuso ninguna sorpresa, sino que estaba perfectamente programado. Los astronautas debían aproximarse al módulo y estudiar minuciosamente los efectos que la estancia sobre la superficie lunar, después de dos años y medio, había producido en la estructura de la nave. Y eso es lo que está haciendo el astronauta Pete Conrad en la imagen, mientras el módulo del Apolo 12 le espera al fondo. Más en Apollo Relic Reveals its Secrets (NASA). Via Reddit. Archivado en: Astromanías
 Como la señal que reclamaba a Batman sobre el cielo de Gotham, los habitantes de Helsinki pudieron contemplar durante varios días una enigmática nube verde sobre la chimenea más alta de su ciudad. La misteriosa aparición, producida por un potente rayo láser sobre el humo de la principal central eléctrica, forma parte de un proyecto artístico que pretende informar y concienciar a los ciudadanos sobre el nivel de su consumo energético y la necesidad de reducirlo por el bien del medioambiente. La nube verde, situada sobre los 155 metros de altura de la chimenea, crece o decrece en función de la actividad de los habitantes de la ciudad en cada momento, y permite hacerse una idea de los excesos energéticos que solemos cometer sin darle importancia. De manera un poco contraintuitiva, si la nube se hace más pequeña, el consumo de la población está creciendo, mientras que si la nube se agranda significa que el proceso de ahorro energético está dando resultado. Aunque la reducción de la contaminación no ha sido muy apreciable, el proyecto es un derroche de imaginación futurista y, como cuenta Marta Peirano en ADN.es, acaba de recibir el premio más preciado en el festival Ars Electrónica. Más en: Alerta verde sobre Helsinki (ADN.es) y Nuage Vert
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