|
|
 Las bombas de Hiroshima y Nagasaki acabaron con la vida de más de 250.000 personas y dejaron un legado de horror que aún perdura en nuestros días. En los siguientes años, la destrucción de ambas ciudades quedó asociada con las imágenes de edificios arrasados y llanuras llenas de escombros. Pero, ¿dónde estaban las víctimas? A principios de 1946, las autoridades estadounidenses habían ordenado la destrucción de centenares de fotografías y prohibido la difusión de cualquier testimonio de la masacre. Se prohibió a la población japonesa cualquier comentario sobre los bombardeos o las informaciones que pudieran “alterar la tranquilidad pública”.  Con los años, salieron a la luz algunos de los documentos clasificados como “alto secreto”, pero Hiroshima y Nagasaki siguieron quedando como un terrible dato en la enciclopedia; a diferencia de lo que sucediera con otras infaustas masacres - las pilas de cadáveres de Mauthausen o los gaseados en el Kurdistán -, en Hiroshima y Nagasaki no quedó imagen ni conciencia del horror, solo unos centenares de miles de víctimas sin nombre, convertidas en una cifra escalofriante a la que nadie ponía cara. Lo que vais a ver es un testimonio de la más horrible destrucción causada por el ser humano, una recopilación de fotografías que se han publicado otras veces, pero raramente juntas. Aquellos que no estén preparados, o solo sientan el impulso del morbo, por favor, que se queden en la puerta. Los demás, pasad con respeto; el único objeto de esta entrada es evitar que la ignominia caiga en el olvido. (Seguir leyendo)1. Señales
Uno de los muchos relojes encontrados en los alrededores de Hiroshima; todos permanecen parados a la misma fatídica hora, las 8,15 h., la hora exacta de la explosión.
En muchas superficies el calor y la fuerza salvaje de la explosión dejaron una impronta sobre paredes y suelos. En algunos casos, como este puente situado a un kilómetro del centro de la explosión, se ve claramente la denominada “sombra nuclear” que dejó la deflagración detrás de los pilotes.
En otros lugares, como en esta pared, la explosión imprimió las siluetas de algunas personas, cuyos cuerpos fueron pulverizados de forma instantánea.
La imagen de abajo, situada a unos 250 metros del centro de la explosión, muestra la sombra de una persona que estaba sentada en las escaleras de un banco, probablemente esperando a que abriera. Las temperaturas de hasta 2.000º C lo incineraron sobre el escalón.
 2. El horror
El 6 de agosto de 1945, a las 8:15 de la mañana, la bomba lanzada por el Enola Gay estalló a una altura de 580 metros sobre el centro de Hiroshima y mató a unas 70.000 personas al instante. La onda expansiva, a unos 6.000 grados de temperatura, no dejó un edificio en pie y carbonizó los árboles a 120 kilómetros de distancia.
Varios minutos después, el hongo atómico se elevó a unos 13 kilómetros de altura y expandió una lluvia radiactiva que condenó a muerte a las miles de personas que habían escapado del calor y las radiaciones. Dos horas después habían muerto unas 120.000 personas, 70.000 habían resultado gravemente heridas y el 80% de la ciudad había desaparecido.
Según Wikipedia, el área inmediatamente afectada fue de 5 kilómetros cuadrados densamente poblados. Hubo miles de casos de incineración súbita, carbonizaciones parciales y quemaduras de personas expuestas hacia el hipocentro del estallido, a más de 10 km de la zona cero.

Pero el horror no había terminado. Días después de que la bomba atómica destruyera la ciudad, los médicos comprobaron asombrados que la gente seguía muriendo en forma enigmática y aterradora, de síntomas desconocidos; "al principio los médicos y cirujanos trataban las quemaduras como cualquier otra, pero los pacientes se licuaban por dentro y morían. Ningún médico había visto nada igual".
"Sin alguna razón aparente, su salud comienza a deteriorarse -escribía Wilfred Burchett en su reportaje-,... Los médicos japoneses les inyectan vitaminas, pero la carne de los enfermos se pudre al contacto con la aguja. Hay algo que acaba con los glóbulos blancos, pero no sabemos qué es".


Esta imagen muestra el ojo de una víctima de ‘cataratas por radiación’. Muchos de los afectados estaban en un radio de dos kilómetros. La mayoría de los casos aparecieron años después.




3. Los Hibakusha
Hibakusha ("persona bombardeada") fue el término con que los japoneses designaron a los supervivientes. Oficialmente hubo más de 360.000 hibakusha de los cuales la mayoría, antes o después, sufrieron desfiguraciones físicas y otras enfermedades tales como cáncer y deterioro genético.
Paradójicamente, muchos de los hibakusha fueron víctimas dobles: de los norteamericanos y de sus propios compatriotas, que le discriminaron durante años debido a que “la radiación se creía contagiosa”.
'La gente normal no nos dejaba acercarnos', explicaba uno de los hibakusha años después. "Algunas víctimas de las bombas ocultaron los ocurrido y pudieron encontrar trabajo, pero, en cuanto se les declaraba alguna de las mil y una dolencias derivadas de la radiación, eran fulminantemente despedidas".
 4. Yamahata, el fotógrafo de Nagasaki
El día 10 de Agosto de 1945, menos de 24 horas después del estallido de la segunda bomba, Yosuke Yamahata, fotógrafo del Ejército japonés, llegó a la ciudad de Nagasaki con el encargo de documentar los efectos del "nuevo tipo de arma". Yamahata caminó durante horas entre los escombros del escenario más dantesco que jamás hubiera imaginado. Sus fotografías son una de las pruebas más desgarradoras de la monstruosidad humana:
“Un viento caliente comenzó a soplar – explicó años después – En todos lados se veían pequeños incendios, como antorchas apagándose: Nagasaki había sido totalmente destruida… prácticamente tropezábamos con cuerpos humanos y de animales que yacían a nuestro paso…"
"Era en verdad el infierno en la tierra. Aquellos que apenas pudieron sobrevivir la intensa radiación -con los ojos quemados y la piel calcinada y ulcerada- deambulaban apoyándose en palos para poder sostenerse esperando ayuda. Ni una sola nube amortiguaba los rayos del sol de ese día de agosto, brillando inmisericorde en ese segundo día después del estallido”.





Veinte años después, el 6 de agosto de 1965, cuando se recordaba el vigésimo aniversario del bombardeo a Hiroshima, Yamahata enfermó súbitamente. A los 48 años de edad, le fue diagnosticado cáncer terminal de duodeno, probablemente debido a efectos radiactivos residuales recibidos en Nagasaki en 1945. Murió el 18 de abril de 1966 y fue enterrado en el cementerio de Tama en Tokio. Más información en el Congreso de Japón. Más información y fuentes: 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10 / English version.
 The Atomic Bombings of Hiroshima and Nagasaki killed about 250.000 people and became the most dreadful slaughter of civilians in modern history. However, for many years there was a curious gap in the photographic records. Although the names of Hiroshima and Nagasaki were incised into our memories, there were few pictures to accompany them. Even today, the image in our minds is a mixture of devastated landscapes and shattered buildings. Shocking images of the ruins, but where were the victims?  The American occupation forces imposed strict censorship on Japan, prohibiting anything "that might, directly or by inference, disturb public tranquility" and used it to prohibit all pictures of the bombed cities. The pictures remained classified 'top secret' for many years. Some of the images have been published later by different means, but it's not usual to see them all together. This is the horror they didn't want us to see, and that we must NEVER forget: 1. Signals All the watches found in the ground zero were stopped at 8:15 am, the time of the explosion.  Within a certain distance from the site of explosion, the heat was so intense that practically everything was vaporised. The shadows of the parapets were imprinted on the road surface of the Yorozuyo Bridge, 1/2 of a mile south-southwest of the hypocenter. Besides, in Hiroshima, all that was left of some humans, sitting on stone benches near the centre of explosion, was their outlines.  The photograph bellow shows the stone steps of a Bank where a person was incinerated by the heat rays. 2. The massacre On August 6, 1945, 8.15 am, the uranium atom bomb exploded 580 metres above the city of Hiroshima with a blinding flash, creating a giant fireball and sending surface temperatures to 4,000C. Fierce heat rays and radiation burst out in every direction, unleashing a high pressure shockwave, vaporising tens of thousands of people and animals, melting buildings and streetcars, reducing a 400-year-old city to dust.  Housewives and children were incinerated instantly or paralysed in their daily routines, their internal organs boiled and their bones charred into brittle charcoal.  Beneath the center of the explosion, temperatures were hot enough to melt concrete and steel. Within seconds, 75,000 people had been killed or fatally injured with 65% of the casualties nine years of age and younger.   Radiation deaths were still occurring in large numbers in the following days. "For no apparent reason their health began to fail. They lost appetite. Their hair fell out. Bluish spots appeared on their bodies. And then bleeding began from the ears, nose and mouth".  Doctors "gave their patients Vitamin A injections. The results were horrible. The flesh started rotting from the hole caused by the injection of the needle. And in every case the victim died".    This photograph shows an eyeball of an A-bomb victim who got an atomic bomb cataract. There is opacity near the center of the eyeball.    3. Hibakusha Hibakusha is the term widely used in Japan referring to victims of the atomic bombings of Hiroshima and Nagasaki. The Japanese word translates literally to "explosion-affected people".  They and their children were (and still are) victims of severe discrimination due to lack of knowledge about the consequences of radiation sickness, which people believed to be hereditary or even contagious.  Many of them were fired from their jobs. Hibakusha women never got married, as many feared they would give birth to deformed children. Men suffered discrimination too. "Nobody wanted to marry someone who might die in a couple of years". 4. Yamahata, the photographer of Nagasaki On Agust 10, 1945, the day after the bombing of Nagasaki Yosuke Yamahata, began to photograh the devastation. The city was dead. He walked through the darkened ruins and the dead corpses for hours. By late afternoon, he had taken his final photographs near a first aid station north of the city. In a single day, he had completed the only extensive photographic record of the immediate aftermath of the atomic bombing of either Hiroshima or Nagasaki.  “A warm wind began to blow - he wrote later - Here and there in the distance I saw many small fires, like elf-fires, smoldering. Nagasaki had been completly destroyed"  Mr. Yamahata's photographs are the most complete record of the atomic bombing as seen in the most immediate hours after the bombing. The New York Times has called Mr. Yamahata's photographs, "some of the most powerful images ever made".       Mr. Yamahata became violently ill on August 6, 1965, his forty-eighth birthday and the twentieth anniversary of the bombing of Hiroshima. He was diagnosed with terminal cancer of the duodenum, probably caused by the residual effects of radiation received in Nagasaki in 1945. He died on April 18, 1966, and is buried at Tama Cemetery, Tokyo. More info at the Japanese Congress.
More info and sources: 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8
 El gran Mr Absence, por cuyo blog siento desde hace años la más profunda admiración, nos brinda esta incursión en las entrañas de L'Aquatic Paradís, el parque acuático abandonado de Sitges. Impagable.
 Hasta bien entrado el siglo XVIII se creía que la caries era causada por un pequeño gusano conocido como "neguijón" o gusano de los dientes. Según explica Fernando Iwasaki en su novela " Neguijón", se decía que el gusano "carcomía los meollos de los dientes", provocaba el inicio de "la corrupción de los cuerpos" y se alojaba en el "fango" de la boca. Durante siglos, se combatió al gusano con oraciones a Santa Apolonia, a la que se rogaba encarecidamente que lo matara. El bicho aparece citado ya en una tablilla sumeria y también es mencionado en el Quijote. Iwasaki cuenta que el miedo a este gusano imaginario alcanzaba tal extremo que en Londres se llegaban a desinfectar las calles para evitar su proliferación. (Seguir leyendo)El escritor peruano centra su novela en el dolor. Dolores insoportables que los matasanos de lo época, con su terrorífico instrumental, no lograban mitigar. De hecho, según Iwasaki, el Papa extendió una bula que permitía blasfemar - sin condenarse - en el caso de tres dolores: el mal de muelas, el mal de piedra (cólico nefrítico) y el dolor por almorrranas. Nada decía la bula, por cierto, del dolor del parto, que las mujeres debía soportar estoicamente sin pedir explicaciones a Dios.
La peor intervención que seguramente describo - dice Iwasaki - es la extracción de un cólico nefrítico en la zona perineal, entre el ano y el pubis. "Lo que hacían los cirujanos era introducir el dedo corazón por el ano hasta tocar la piedra que se quería sacar y luego presionarla contra la zona perineal, abrir con un cuchillo esa zona y sacarla. Muchas personas no sobrevivían a esa operación y de las que sobrevivían muchas morían días después por infección". (Esta es una revisión de una entrada del viejo Fogonazos, de los tiempos en que solo estábamos yo y unos cuantos habitantes de las islas Tokelau)Más: 1, 2 y 3
 La noche del 6 de diciembre de 1969, el joven Meredith Hunter fue brutalmente asesinado a escasos metros de Mick Jagger. Al concierto de Altamont habían acudido unas 400.000 personas, y el ambiente se había caldeado desde el principio. A cargo de la seguridad, los Stones habían cometido el error de colocar a los “Ángeles del Infierno”, de modo que lo que debía ser una emulación del “Flower Power” vivido en Woodstock meses atrás, terminó convirtiéndose en una auténtica pesadilla. (Seguir leyendo) Con las primeras notas del concierto la multitud ya parecía descontrolada. Los Stones detuvieron la interpretación y un asustado Mick Jagger pidió a la gente que se tranquilizara. Pero los altercados continuaron y los Hell Angels siguieron sacando borrachos a golpe limpio. De pronto, un revuelo delante del escenario, y un montón de gente que pedía a gritos que pararan lo que estaba sucediendo.
Para entonces, Meredith Hunter, un joven afroamericano de 18 años, ya había sido apuñalado. Uno de los ángeles del Infierno, al verle sacar un revólver de la chaqueta, se había lanzado sobre él y le había cosido a navajazos. Las cámaras registraron la escena fotograma a fotograma; el documental “Gimme Shelter” recoge el momento en que el propio Mick Jagger contempla con horror cada detalle:
En este otro vídeo, podéis ver a los Stones escuchando la información de la radio y las lamentables justificaciones de algunos Ángeles del Infierno (aseguraban que los niñatos habían tocado sus motos y que eso tenía un precio).
El autor de las puñaladas, Alan Passaro, fue detenido y juzgado por asesinato en el verano de 1972, pero fue absuelto por un jurado que consideró que había actuado en defensa propia, dado que Hunter portaba una pistola con la que apuntó al escenario.
Unos años después, en 1985, Passaro fue encontrado muerto flotando cabeza abajo, con 10.000 dólares en el bolsillo
|
|